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FERTILIZANTES ORGÁNICOS

 
La mejor forma de mantener la fertilidad de la tierra es incorporándole los abonos requeridos. Estos, sumados a una adecuada rotación y asociación de plantas, nos aseguran una producción continua, es decir, la posibilidad de sembrar continuamente sin el deterioro del suelo. Hay distintos tipos de abonos entre los cuales se encuentran los de origen sintético (que son producidos por las casas comerciales) y los de origen orgánico que pueden ser utilizados como complemento de los primeros, puesto que tienen otras propiedades benéficas para los cultivos.

El uso de los materiales orgánicos tiene una serie de ventajas como: que se pueden aprovechar diferentes tipos de residuos como los de la finca, son fáciles de hacer y manejar, si son bien manipulados no dañan la tierra, mantienen y fomentan la vida de los microorganismos en el suelo, y mejoran características del terreno como: dureza y retención de agua y suministran nutrientes en un estado fácilmente absorbible por las raíces de las plantas.
Algunas personas, cuando escuchan hablar de abonos orgánicos relacionan el nombre con residuos vegetales o animales, humus, compost, abonos naturales y hojas o "basura" de la casa, descompuestas. Esto es parcialmente correcto, ya que los abonos orgánicos son todos los materiales de origen orgánico que se pueden descomponer por la acción de microbios y del trabajo del ser humano.

Aunque existen diversos métodos de preparación, normalmente estos abonos se obtienen apilando distintos materiales en capas, intercalando restos de vegetales verdes, restos de cocina, estiércol, tierra y así sucesivamente; regando para asegurar una buena cantidad de humedad, adicionando lombrices (que aceleran el proceso de transformación) y protegiendo con algún material (plástico), para evitar que las lluvias perjudiquen la "fermentación" del material.

El abono estará listo para utilizarlo cuando ya no es posible distinguir los residuos que se le habían incorporado, es decir, cuando esté lo suficientemente desintegrado y tenga un aspecto de tierra negra y esponjosa, y si posee un olor agradable, a tierra. En Colombia existe una reglamentación que establece los parámetros mínimos de calidad en estos abonos, para garantizar que poseen un efecto benéfico sobre el suelo y sobre las cosechas, estos parámetros deben estar presentes si el agricultor o productor está interesado en obtener un Registro de Venta ICA (del Instituto Colombiano Agropecuario) para comercializar el abono.

El control de calidad que verifica la existencia de los parámetros exigidos para estos materiales, debe ser realizado por un Laboratorio aprobado por el ICA para el desarrollo de tal actividad.